Hace unas semanas, enfoqué mis devocionales en como que Dios extiende misericordia en lugar de castigo (Romanos 6:23), amor en lugar de ira (Romanos 5:8), gracia en lugar de sacrificio (Efesios 2:8-9).
En esa reflexión, encontré una frase que se atribuye a Juan Calvino y en otra connotación también al filósofo y autor cristiano Dallas Willard, que dice:
“La gracia no elimina el esfuerzo, lo hace posible.”
En 2 Timoteo 2:1, Pablo exhorta: “Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús”. Pablo dice a su discípulo que podemos arrancar con un entusiasmo desbordante, pero la verdadera prueba de la fe no es cómo empezamos, sino cómo terminamos. Somos llamados a permanecer fieles y terminar bien la carrera.
¿Cómo se logra esto en medio de nuestras luchas diarias, la tibieza espiritual y las distracciones del mundo moderno? La respuesta: fortalecernos en la gracia de Dios a través de un discipulado enfocado en relaciones y disciplinas transformadoras.
1. La gracia no elimina el esfuerzo: Lo produce.
Fácilmente pensamos que la gracia de Dios significa pasividad. Pero 2 Timoteo 2:1-8 deja claro que la gracia y el esfuerzo no son opuestos.
Dios nos capacita y nos da la gracia/fuerza para cumplir aquello que nos pide. Su gracia produce en nosotros el deseo de cultivar disciplinas espirituales: la meditación en la Palabra, la oración, el ayuno, la confesión, la adoración, etc. Estas disciplinas no nos cambian automáticamente. Nos posicionan para recibir la gracia interior que nos cambia.
En este camino, Pablo nos propone tres imágenes claras para perseverar:
- El soldado: mantiene el enfoque en la misión y no se enreda en lo secundario.
- El atleta: sabe que la disciplina libera al talento y vive con un objetivo claro.
- El agricultor: entiende que los frutos son el resultado de un proceso constante, paciente y diario.
2. La Ley, la lucha de Romanos 7 y la victoria en Cristo
Aun buscando vivir en disciplina, es inevitable chocar con nuestra realidad humana. Como expone Romanos 7, la vida cristiana es una batalla continua entre la nueva naturaleza que tenemos en Cristo y los hábitos de la vieja carne que aún intenta influenciarnos.
¿Cuántos creyentes viven en Romanos 7 y visitan Romanos 8 de vez en cuando? Muchos creyentes todavía viven con una mentalidad de esclavos y derrota. La cruz y la muerte espiritual, el Espíritu y la gracia nos lleva a vivir en Romanos 8 y visitar Romanos 7. David Kornfield en su libro El Líder que Brilla trata de esto con profundidad en capítulo 4, “Identidad de hijo” y capítulo 6, “Tres momentos de la vida en el Espíritu”.
3. El discipulado relacional: más que programas, relaciones de amor
Para no pelear esta batalla en soledad, Jesús diseñó un modelo de crecimiento centrado en la comunidad y la multiplicación. Como bien aprendemos en la Biblia del Discipulado, la esencia del evangelio fluye de dos grandes fuentes:
El Gran Mandamiento: Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a si mismo.
La Gran Comisión: Hacer discípulos en todas las naciones.
Al igual que Esdras, quien “preparó su corazón para inquirir la ley de Jehová, para cumplirla y para enseñarla” (Esdras 7:10), el ciclo del discipulado bíblico abarca tres pasos fundamentales:
- Estudio (Persona – Palabra): Abrir nuestros corazones y vidas a Dios y Su Palabra.
- Vivencia (Palabra – Vida): Experimentar y cumplir la verdad en lo cotidiano.
- Multiplicación (Persona – Entorno): Hacer la pregunta revolucionaria: ¿Con quiénes puedo compartir esto que estoy aprendiendo?
Entonces, necesitamos hacer tres cosas muy intencionales, e inspirar a los que El Padre nos dio a realizarlas también:
- Consagrar el corazón a Dios: Decidir vivir intencionalmente con Él y para Él.
- Decir ¡BASTA!: Ser discípulos radicales. Renunciar a la tibieza espiritual, a la procrastinación y a los hábitos que roban nuestro tiempo de comunión con el Padre.
- Abrazar el discipulado: Rodearnos de discípulos para crecer en la Palabra y la oración (oyendo a Dios), crecer juntos y multiplicarnos.
La Palabra de Dios es más dulce que la miel cuando se experimenta en comunidad. No intentes caminar en tus propias fuerzas! Fortalécete en la gracia, abraza la disciplina, contempla a Jesucristo y sé parte de un movimiento vivo de discipulado.
Tomás Copa – Bolivia





0 comentarios