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Dn 10; Lc 11.24-26 (Módulo 5.5.8)


Alejandro Quinteros

  1. ¿Tú ya has entrado en batalla espiritual sin llegar a ver una victoria completa? ¿consigues entender por qué?
  2. ¿Por qué razón Daniel no obtuvo una respuesta a sus oraciones?
  3. ¿Por qué se perdió la batalla espiritual en Lc 11.24-26?
  4. ¿Cómo podemos evitar este tipo de fracaso?
  5. ¿Hay algún área en tu vida en la que necesites hacer algo más que simplemente orar?

Estudio complementario: 1Ti 1.18-20; Stg 5.13-16; 2P 2.1-3, 13-22.

Límites de la batalla espiritual

Hay al menos tres momentos en los que las oraciones de guerra no son suficientes. La primera es cuando llevamos un pecado o falsedad dentro de nosotros, cuando Cristo no reina plenamente en nosotros (ver ns. Mt 7.21-23; Hch 19.13-17; Stg 4.6-10). Antes de entrar en una batalla espiritual o de recibir una ministración, debemos entregarnos de nuevo a Jesús y pedir que él nos llene de su Espíritu Santo. La victoria está en él, no en nosotros (ver Zac 4.6; 2Co 4.7).

En segundo lugar, las oraciones de la batalla espiritual sin seguimiento tienen una alta probabilidad de que no funcionen. Somos tontos, espiritualmente hablando, cuando logramos algo en el mundo espiritual y no percibimos que eso sólo deja un vacío donde antes hubo maldad (ver ns. Lc 11.24-26; Hch 14.21). Ese vacío necesita ser lleno por medio de estas actitudes:

a) afirmarse en la verdad;

b) tener apoyo para aprender nuevas formas de vivir y relacionarse.

En cuanto al primer paso, podemos animar a las personas a afirmar su identidad en Cristo al hacer, durante treinta días, declaraciones en voz alta de su identidad en Cristo (ver Intro. a la restauración del alma, pp. 151-153).

En cuanto al segundo paso, es muy importante que la persona ministrada forme parte de un grupo pastoral que le acompañe. Lo ideal es que las oraciones de batalla sucedan con por lo menos algunos miembros de ese grupo presentes (ver med. Mt 26. 36-46).

En tercer lugar, las oraciones de batalla espiritual no son suficientes cuando aún hay un dolor que sólo se resolverá a través de la sanidad interior. En esos casos es necesario un proceso más largo, con personas con dones y capacitación para ayudar a ese individuo a lo largo de varios meses o posiblemente uno o dos años, acompañándole en grupos de restauración. Entre otros, el ministerio REVER trabaja en esta área (ver med. Mt 17.14-21; Is 61.1-8).


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