¡Cuando los piadosos son necios!

May 18, 2026 | Discipulado

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Este es el título del capítulo 23 del libro de Charles Swindoll: David: un hombre de pasión y destino. El autor enfoca uno de los últimos capítulos de la vida de David, cuando mandó hacer un censo del pueblo de Dios (2Sm 24; 1Cr 21).

“Nadie debería aspirar al liderazgo en la obra de Dios si no está preparado para pagar un precio mayor que el que sus contemporáneos y colegas están dispuestos a pagar. El verdadero liderazgo siempre cobra un alto precio a la persona en su totalidad, y cuanto más eficaz es el liderazgo, más alto es el precio que se debe pagar.”

J. Oswald Sanders, Liderazgo Espiritual

¡Guau! ¡Percibo que todavía me sorprende cuando enfrento una batalla espiritual seria!

A continuación, resalto algunas partes clave de ese capítulo.

David fue victorioso en muchas batallas (1Cr 18-20). Somos especialmente vulnerables después de las victorias. David tomó una decisión que acabó costando la vida de 70,000 de sus guerreros (1Cr 21.14). 70,000 familias en duelo. ¿Cómo es posible que este hombre conforme al corazón de Dios haya podido hacer algo tan terrible?

Tres debilidades de David al momento de tomar una decisión desastrosa.

1. No consultó a Dios. En ese momento de tantas victorias se volvió vulnerable a la voz de Satanás (1Cr 21.1). Incluso un hombre según el corazón de Dios tiene sus momentos de flaqueza.

    2. No rendía cuentas a nadie. Joab, su general principal, lo confrontó (v. 3). Pero David, no lo oyó. Si te encuentras por encima de todos, sin ser cuestionado sobre tu autoridad, estás en un lugar muy precario. Tarde o temprano caerás. Todos necesitamos de un mentor, líder o discipulador al cual rendirle cuentas y un grupo de líderes que cuiden de nosotros (Hch 20.28). ¡Solito, no!

    Más adelante en este pasaje, el profeta Gad es enviado por Dios a David, dándole un camino de salida ante la ira de Dios (vv. 9-13). Hoy en día, la mayoría de los pastores y de líderes de movimientos no tienen un profeta o, por lo menos, un grupo de consejeros a los que realmente escucha. Si tuviéramos un profeta en nuestras vidas y le prestáramos atención, o por lo menos a alguien a quien le diéramos el derecho de confrontarnos en amor, ¡cuán diferente podría ser nuestra vida y ministerio!

    3. No percibió que estaba cayendo en pecado. ¡Nadie es inmune al pecado! No existe una persona tan madura que no tenga que preocuparse por las tentaciones del mundo, de la carne y de Satanás. David no pecó a propósito o conscientemente, pero fue necio (v. 8) y cayó. Necesitamos de escuderos que puedan alertarnos antes de caer, como también rescatarnos después de caer (Mt 18.15-18; Stg 5.16).

    Cuatro preguntas para mayor reflexión

    1. ¿A quién le rindes cuentas respecto a tu vida – de verdad? ¿Cuándo fue la última vez que hiciste eso?

    2.¿A quién le rindes cuentas respecto a tu ministerio – de verdad? ¿Cuándo fue la última vez que hiciste eso?

    3. ¿A quién le confiesas tus errores, problemas, conflictos y pecados para recibir oración y ser sanado (Stg 5.16)? ¿Cuándo fue la última vez que hiciste eso?

    4. ¿Valdría la pena marcar un encuentro de rendición de cuentas de forma preventiva?

    David Kornfield,Coordinador internacional del DPP y el Movimiento Cumbre de Discipuladores (MCD)

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    “El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10.10, NVI). 
    El principal objetivo y el mayor deseo de Satanás es destruir. Si no lo logra, procura matar. Y si tampoco lo consigue se resigna a apenas robar.

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